miércoles, 5 de octubre de 2016

Un discurso que clasifica a los jóvenes.

Pedro Santander nos hace recordar: “sabemos que el lenguaje no es transparente, los signos no son inocentes, que la connotación va con la denotación, que el lenguaje muestra, pero también distorsiona y oculta, que a veces lo expresado refleja directamente lo pensado y a veces sólo es un indicio ligero, sutil, cínico” (Santander;2011:208) Esta opacidad del lenguaje nos revela que las palabras significan mucho más de lo que dicen, por lo tanto ningún discurso es neutro u objetivo. A partir del reconocimiento de este poder del lenguaje, de las palabras, es que se hace necesario un análisis del discurso cuidadoso, reflexivo, anclado en categorías pertinentes, que nos ayude a ver esas representaciones, ideologías, prejuicios, insinuaciones que fundamentan, sostienen y reproducen los discursos. Leer los discursos es una forma de leer la realidad social en la que están inmersos, y es por esto que no podemos permanecer indiferentes.  
A partir de lo expuesto me propongo comparar y analizar tres discursos, tres noticias, que abarcan de modo diferente una misma cuestión: la generación Ni-Ni. Pero: ¿Qué es un Ni-Ni?, ¿De dónde surge dicho concepto?, ¿Este término se ha convertido en un elemento más que contribuye a la formación de una imagen negativa de jóvenes y adolescentes? Contextualicemos la temática.
María del Carmen Feijoó (2015) expone que esta categoría surgió en Inglaterra a mediados de los 90 bajo la denominación en inglés NEET (not in education, employment or training), es decir: ni en la educación, ni en el empleo, ni recibiendo formación. El término fue utilizado por primera vez en 1999 en un informe de la Unidad de Exclusión Social del Reino Unido que tenía por objetivo exponer en detalle tanto la magnitud como la naturaleza del problema que afectaba a jóvenes que no participaban en el sistema escolar ni en el mercado de trabajo.
El término empezó a ser abordado desde distintas perspectivas y cada autor (y cada persona en general) tiene actualmente diferentes formas de enterderlo. Así, podemos citar:
“Riva Palacio (17 de febrero de 2010) señala que el acrónimo nini fue acuñado por sociólogos españoles y hace referencia a jóvenes de entre 18 y 34 años cuyo rasgo distintivo es que ni tienen acceso a la educación ni al trabajo formal. Bastidas Colinas (8 de diciembre de 2009) hace hincapié en la condición marginalizada de dichos jóvenes cuando menciona  (…) que acuden a entrevistas, a exámenes, a oposiciones, a concursos, pero que sólo reciben negativas. Sotelo (4 de abril de 2010), columnista del diario El Paso, relata que el acrónimo nini se publicó por primera vez en el diario español El País en una nota titulada: ‘Generación ni-ni; ni estudia ni trabaja’” (COMARI;2016:24)
Pero a causa de estas múltiples miradas y por la imprecisión misma del concepto, el término Generación Ni-Ni terminó asociándose, de manera arbitraria y sin demasiadas evidencias, a dos implícitos peligrosos: “El primero, que esa condición depende exclusivamente de la voluntad de los jóvenes. El segundo, que los jóvenes que no trabajan ni estudian tienen una mayor propensión a incurrir en conductas desviadas de los comportamientos que se consideran ‘normales’ para ese grupo de edad.” (FEIJOÓ; 2015: 1) A partir de esta idea, podemos decir además que los jóvenes clasificados dentro de la categoría en cuestión son también vinculados a la delincuencia, la inseguridad y ciertas adicciones, ya que éstas pueden ser las “desviaciones” más comunes de lo que se considera una “conducta normal”. A su vez, y muy vinculado a esta última afirmación, se suele identificar a los sujetos que pertenecerían dentro de esta categoría como pertenecientes a los sectores sociales medios y bajos.
Podemos exponer entonces que en el imaginario social los sujetos clasificados y estereotipados dentro de la categoría “generación Ni-Ni” son, en su mayoría, pertenecientes a sectores sociales bajos, y esto los convierte en una representación social que los hace culpables de su propia situación y un atentado contra el futuro. Esta es la hipótesis que sostiene este trabajo.
Es necesario además, tener en cuenta que en nuestra sociedad actual los medios masivos de comunicación influyen en la formación de una opinión pública prioritariamente negativa sobre la adolescencia y la juventud porque los relacionan reiteradamente con fracaso escolar, accidentes automovilísticos, delincuencia, droga, alcohol, sexo, sida, prostitución, violencia, muerte. Los adolescentes son vistos como demonios en situaciones problemáticas. Esta perspectiva demoniaca hace que la sociedad los considere en última instancia, como una amenaza. Así es como los medios de comunicación difunden y potencian términos como “generación Ni-Ni” con una fuerte connotación negativa. Estas miradas omiten que: detrás de los jóvenes y adolescentes está la responsabilidad adulta; que se expresan a través de los medios que el conjunto social ofrece; que la sociedad proyecta sobre ellos sus peores y mejores intenciones.  
Podemos resumir entonces lo que se dice de los Ni-Ni recurriendo a Claudio Comari exponiendo que: “Se dice entonces de este grupo que: son un riesgo, están en riesgo, están en riesgo de ser un riesgo, de estas maneras esos ‘otros’ llamados los nini son asociados y convertidos en sinónimo -por cierto que sin mayores evidencias- de la inseguridad y el delito” (COMARI;2016:18)  
En este complejo contexto social, cultural e histórico, es que se inscriben los discursos que se analizarán comparativamente a continuación. Se trata de un contexto que no podemos obviar, porque, como dicen Calsamiglia y Tusón: “está formado por todo el conocimiento etnográfico necesario para interpretar los enunciados” (CALSAMIGLIA; TUSÓN; 2001: 109) Los discursos cobran sentido (o en todo caso, les damos uno)  en relación al contexto que los produce y rodea.
El primer artículo se llama “Generación Ni-Ni” (noticia n 1 presente en el Anexo, pág. 1) y fue publicada en noviembre del 2015 por Paola Belkys, Esteban C. y  Raquel Ferrari. Es fundamentalmente sobre este artículo, en que se funda y sostiene la hipótesis de este trabajo (hipótesis explicitada en párrafos anteriores) por lo que su análisis será el eje del trabajo. El segundo, publicado en abril del 2014, se titula “El problema de ‘los ni-ni’, jóvenes que ni estudian ni trabajan, en Argentina” (noticia n 2 presente en el Anexo, pág. 4). El tercer texto elegido se llama “La generación ni-ni; Ni estudian ni trabajan: ¿Vagos caprichosos o víctimas?” (noticia n 3 presente en el Anexo, pág. 8), escrito por Sergio Alonso Ramírez y publicado en junio del presente año. Este último texto presenta una perspectiva distinta y se incorporó su análisis para marcar las diferentes concepciones. Se ha incorporado también, en última instancia, el análisis del artículo “Generación Sí-Sí” (noticia n 4 presente en el Anexo, pág. 12), de Carlos Adrián Maslaton, publicada en junio del presente año, por presentar aspectos relevantes a la hipótesis sostenida.
El análisis se llevará a cabo a partir de categorías propias del análisis del discurso, aportadas por autores como Vicente Manzano, Helena Calsamiglia Blancafort y Amparo tusón valls.
La construcción del fenómeno Ni-Ni.
Interesante es partir analizando qué entiende cada discurso por el término “Generación Ni-Ni”. La definición que presenta cada una de las noticias da a conocer una postura y un posicionamiento diferente frente a la misma situación.
“Generación Ni-Ni” expresa lo siguiente: “No estudian, no trabajan… ¡ni buscan! La generación Ni-Ni es aquella que abarca a los jóvenes adultos que no tienen la más mínima intención de estudiar –para especializarse- ni de buscar trabajo –si acaban de graduarse o si lo han perdido- ni de hacer nada para cambiar su situación.” (BELKYS; C.; FERRARI; 2015) Esta definición está fuertemente basada en un estereotipo. Vicente Manzano (2005) expone los estereotipos como recursos argumentativos a los que los discursos recurren para fundamentar una idea (como recurso argumentativo que ayuda a “convencer” a las personas y conseguir “adeptos”) y expresa que, tanto los prejuicios como los estereotipos son “imágenes compartidas sobre determinados colectivos que obedecen a la necesidad de simplificar el mundo para tener la sensación de que se comprende y para actuar en consonancia” (Manzano; 2005: 24) De esta manera, el primer discurso construye la categoría “generación Ni-Ni” para incluir en ella a los jóvenes y adultos que no estudian, no trabajan y que no tienen la más mínima intención de revertir su situación. Se crea un estereotipo que incluye una serie de características negativas que se dan por cierto.
La noticia crea el estereotipo presentando una visión determinista mediante el uso reiterado de una modalidad de la frase asertiva: “después de graduarse o haber perdido su empleo, se instalan de nuevo en la casa familiar y de allí nadie los mueve. No buscan un nuevo trabajo o su primer empleo, ni tampoco se especializan. No tienen perspectivas ni planes a futuro y como dicen nuestros padres: viven del clima.” (BELKYS; C.; FERRARI; 2015) Desde Calsamiglia y Tusón (2001) la modalidad se refiere a cómo se dicen las cosas, a la visión del locutor respecto al contenido del enunciado. La modalidad asertiva no deja lugar a dudas y puede ser un recurso de manipulación para el lector, quién puede asumir lo que lee sin pensar demasiado. Entonces, quienes se dejen influenciar por este discurso encontrarán en un sujeto Ni-Ni a un vago, a un “cómodo”, a una persona que está como está porque quiere y la pasa bien así. La noticia presenta cinco indicadores que servirían para “identificar” a cualquier ni-ni y, fatalmente, se expone que: “Es muy fácil reconocer a un miembro de la generación Ni-Ni” (BELKYS; C.; FERRARI; 2015). Pero, el problema de los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. No todos los sujetos que se incluyen en la categoría Ni-Ni están dentro por no querer remediar su situación.   
Por otro lado, “el problema de los Ni-Ni” plantea: “Este enfoque que es conocido como los ni-ni, centra el análisis tanto en los jóvenes que abandonaron el sistema educativo como los que permanecen sin empleo, colocando en la misma categoría tanto a los inactivos que no estudian como a los que no trabajan ni buscan trabajo” (M.B.Z.; 2014). Nos encontramos con una perspectiva más amplia. En este caso, la categoría Ni-Ni incluiría tanto a los desempleados que buscan trabajo pero no consiguen, como a los que directamente no lo buscan, así como también a aquellos que no estudian por diferentes motivos. Pero la categoría sigue tratándose como un estereotipo que responde a ciertas condiciones o parámetros.
En esta noticia se evidencia el reconocimiento de que estos sujetos se encuentran en un problema social que tendría que ver con su cuadro de exclusión educativa y laboral. Aparece entonces la dimensión social de esta temática, casi ausente en el primer artículo que expresamente culpa al propio sujeto de su condición, atacando también ciertas deficiencias familiares. Se expresa en este segundo artículo que “diversos factores políticos, económicos, sociales y culturales confluyen para explicar este fenómeno” (M.B.Z.; 2014).
“El problema de los Ni-Ni” expone entonces una serie de causas por las que puede darse esta situación y entre ellas aparecen algunas referidas al propio sistema educativo: se dice que la educación dejó de ser una aspiración y un nivelador social, que ya no aporta sistemas o ideas para lograr una inclusión real, que prioriza la cantidad por encima de la calidad, que el docente no cuenta con las herramientas necesarias para hacer su trabajo y abordar la problemática. Otras causas se relacionan específicamente con una dimensión económica y laboral: se expresa que hay un incremento de la demanda de experiencia y capacitación para ingresar al mercado de trabajo y, como muchos jóvenes no finalizan sus estudios secundarios quedan entonces sin oportunidad para trabajar; que problemas e incertidumbres en la economía no permiten la creación de más puestos de trabajo; que la gran mayoría de los jóvenes que encuentran empleo sólo tienen trabajos ocasionales y no registrados (trabajo en negro), con salarios bajos y pocas posibilidades de progreso y capacitación. Por último hay causas que se inscriben en el sistema social y cultural: cambios en el rol de los miembro del grupo familiar, factores culturales condicionantes que se vinculan a la vida fácil y sin problemas, la falta de una imagen social y cultural para imitar dentro de una cultura del trabajo. Entonces, termina resultando que “el problema de los Ni-Ni” no es sólo de los Ni-Ni. Calsamiglia y Tusón nos advierten de la importancia de los títulos exponiendo que son “enunciados síntesis y enunciados con fuerza retórica” (CALSAMIGLIA; TUSÓN; 2001: 97) Así, este título distorsiona la situación dando a entender que el problema de los Ni-Ni sólo involucra a los Ni-Ni, pero al mismo tiempo, encierra una contradicción, puesto que con la enumeración de las causas que hace queda claro que estos sujetos no son los únicos actores  involucrados.
El tercer artículo también incorpora la dimensión social (y tal vez política) de la situación exponiendo: “Es verdad que para que un sujeto tenga cierta actitud tiene que haber un sistema que la mantenga.” (ALONSO RAMÍREZ; 2016) Retomando la cuestión de la modalidad, no encontramos aquí con aquella que expresa la certeza del dictum, modalidad que es reiterada en otras varias ocasiones (por ejemplo, cuando se lee en este mismo artículo “Lo cierto es que la separación con un ser querido nunca es fácil”, “Es cierto que en muchos casos…”)
Volviendo a lo que cada discurso entiende por generación Ni-Ni, en este tercer discurso leemos: “no son vagos, aunque se encierran años en un cuarto y no salen, sino que están profundamente deprimidos por una sociedad que no presenta salidas según lo que ellos sienten” (ALONSO RAMÍREZ; 2016) Pasamos entonces de una visión de los Ni-Ni como culpables de su propia situación (noticia 1), a una concepción que los encuentra víctimas de una sociedad que no les brinda lo que ellos necesitan. Rescatamos que cuando se refiere a estas personas, este tercer texto lo hace mediante la palabra “sujeto” (también dice “jóvenes” o “hijos” cuando lo hace en función de la familia). Esto nos lleva a pensar los términos y expresiones que se usan en cada discurso para referirse a las personas categorizadas dentro del concepto “generación Ni-Ni”. Como dice Manzano, los discursos, sabedores del poder de las palabras, cuidan su utilización y las explotan en función de las ideas que quieren transmitir. Así, en esta última noticia, el término privilegiado para nombrar a la generación Ni-Ni es el de “sujeto”. También se puede relacionar esto con lo que Manzano llama “sujeto difuso”: cualquiera podemos ser un Ni-Ni si se los identifica simplemente como sujetos. Se establece un plano de igualdad, si se quiere, mediante este término.  
En esta línea, analicemos una frase tomada de la primer noticia, “Generación Ni-Ni” que expone: “es el tío emprendedor, la tía trabajadora, los papás y su pensión los que terminan manteniendo estos personajes” (BELKYS; C.; FERRARI; 2015). Detengámonos en la palabra “personajes”. Es obvio que esta palabra encierra una connotación sarcástica y negativa. Podemos ver en este fragmento lo que Calsamiglia y Tusón definen como “cortesía negativa”. La cortesía lingüística es concebida por estas autoras como “un conjunto de estrategias que determinan la elección de unas determinadas formas lingüísticas para elaborar los enunciados de los que protagonizan una interacción” (CALSAMIGLIA; TUSÓN; 2001: 162) La cortesía negativa es aquella que está dirigida a reforzar la imagen negativa de quien se habla (o en su defecto, a atacar y debilitar su imagen positiva) y aquí vemos cómo se usa la palabra “personajes” por cortesía (podría haber dicho otras palabras negativas más directas, como “vagos” por ejemplo) pero con un sarcasmo causado por la visión negativa de a quién va dirigida la expresión.
Un punto interesante es, a partir de todo lo dicho, el cómo las dos primeras noticias conforman un “nosotros” y un “ellos” enfrentados. La tercer noticia crea otras posiciones. Este análisis se hace posible mediante la categoría de deixis personal, que “señala a las personas del discurso, las presentes en el momento de la enunciación y las ausentes en relación a aquellas” (CALSAMIGLIA; TUSÓN; 2001: 117)  
En las dos primeras noticias vemos un “nosotros” hablando de un “ellos” que está alejado.
En “Generación Ni-Ni” observamos una polifonía de voces. La polifonía  brinda la posibilidad de un “desdoblamiento del sujeto, por un lado, y la evocación del discurso ajeno, por el otro” (CALSAMIGLIA; TUSÓN; 2001: 136) Entonces tenemos por un lado la voz del enunciador que comienza el artículo sin dejar marcas que permitan identificarlo como un “yo” presente. (En un solo lugar expresa: “como dicen nuestros padres”. Ese “nuestros” nos da una idea de que el enunciador está presente, pero no es un deíctico personal propio de él. Ese “nuestros” está en relación al “yo” que enuncia, sin llegar a conformar un “nosotros”) Podríamos referirnos al él como “la persona ausente”, término usado por Calsamiglia y Tusón (2001) para referirse a ese enunciador que se esfuerza por borrar toda marca de su presencia, utilizando un lugar de referencia externa, para dar un efecto de objetividad a su discurso. En el artículo, este enunciador cede su lugar a una segunda voz, la de la coach internacional Raquel Ferrari, entrevistada en la noticia. Por último, tenemos la cita del psicólogo Alejandro Schujman, quien también constituiría una voz dentro del discurso. Recurriendo nuevamente a Calsamiglia y Tusón, las citas señalan la presencia de voces ajenas en el propio discurso. En este caso, se trata de una cita indirecta “El psicólogo Alejandro Schujman autor de ‘Generación ni-ni’, comenta en su libro que hay tres indicadores que marcan el pasaje a la adultez” (BELKYS; C.; FERRARI; 2015)
Al encasillar en un estereotipo tan rígido a los sujetos Ni-Ni, este artículo los está ubicando en el polo opuesto al que se sitúan las voces que lo componen. Por lo tanto, tenemos un nosotros (las voces del artículo) y un ellos (los sujetos Ni-Ni) alejados, un nosotros que habla de un ellos ajeno, diferente, distante.
En “el problema de los Ni-Ni” hay un solo deíctico personal que marca la presencia del enunciador. Lo encontramos en la siguiente frase: “Constituyéndose en un problema social, especialmente si consideramos que esta exclusión proviene de aquellas instituciones de las que la sociedad espera que los individuos participen activamente” (M.B.Z.; 2014). Nuevamente nos encontramos entonces con un “nosotros” que habla de un “ellos”. Pero esta vez, el “ellos” parecería que no se refiere a la generación Ni-Ni, sino a los jóvenes en general. Leemos en el artículo:
En los jóvenes persiste una creencia de que la educación no reporta ventajas claras y visibles que generen expectativas (…) Los jóvenes no encuentran en el ámbito laboral o escolar algo que les gusta hacer (…) Muchos jóvenes no cuentan con un adulto motivador y contenedor en el estudio (…) La gran mayoría de jóvenes (…) Los jóvenes Ni-Ni (…) (M.B.Z.; 2014)
Por último, en el texto de Sergio Alonso Ramírez hay un “nosotros” fuertemente marcado a lo largo de todo el texto. Unas pocas veces aparecen deícticos en primer persona en singular (en sólo dos oportunidades) En este caso, parece que se trata de un “nosotros” hablando para otro “nosotros”. El artículo no se centra específicamente en una descripción de la generación Ni-Ni sino en ciertas actitudes dentro del seno familiar que coaccionan la libertad de un sujeto pequeño que puede llegar a ser un futuro joven Ni-Ni (aunque también hable de depresión, suicidios, un mal sistema de contención social se le da mayor importancia al rol de la familia) Las voces del artículo (el primer “nosotros”) pareciera estar hablando a otro “nosotros” (que serían los destinatarios del texto, o, en palabras de Manzano, los “pacientes directos”, las personas concretas a las que va orientado el discurso), que tranquilamente puede estar conformado por la familia, un padre, una madre, intentando llamar su atención. Estos nosotros se ubican en un mismo polo (pero se diferencian), dejando en la esquina opuesta a los sujetos de los que se habla. Por otro lado, no olvidemos la idea de que hay un plano de igualdad entre ese “nosotros” y los sujetos Ni-Ni por el sólo hecho de recuperarlos como sujetos (condición que igualaría o, al menos acercaría, de algún modo al enunciador y a los Ni-Ni)
El sujeto ausente y el “nosotros” dan sensación de seguridad con respecto al enunciado. El sujeto ausente desaparece, justamente, para dar objetividad a sus enunciados y el “nosotros” da autoridad y credibilidad al discurso porque pareciera que muchos respaldan lo que se dice. Entonces, estos discursos rápidamente pueden asumirse como únicas verdades. Interesante es ahora pensar por quiénes está formado ese “ellos” marcado en los textos, a qué sector social pertenecen estos sujetos, que edades tienen, según cada artículo. Veamos:
Discurso 1:
“jóvenes entre los 25 y los 35 años (…) Es un fenómeno que existe en todos los sectores sociales, pero predomina más en los niveles medios-bajos y bajos. Suele estar asociado a ruptura de las redes familiares y sociales, dificultades en establecer un proyecto de vida, embarazos precoces, marginalidad y delincuencia y exclusión por razones raciales o sociales. En niveles sociales más altos este fenómeno suele darse en el contexto de una historia de falta de límites y permisividad”. (BELKYS; C.; FERRARI; 2015)
Los Ni-Ni aparecen como jóvenes de entre 25 y 35 años, que pueden pertenecer a cualquier sector social, pero que predominan en los niveles medios-bajos y bajos. Parece que las causas que hacen que un sujeto sea clasificado como un Ni-Ni en los sectores sociales bajos, no son las mismas que en los sectores sociales altos. ¿Acaso en los sectores sociales altos no hay conflictos familiares?, ¿no hay embarazos precoces?, ¿no hay delincuencia?, ¿no hay dudas sobre qué carrera seguir?, o en caso de que el estudio a seguir sea impuesto por un legado familiar que difícilmente se pueda negar o ignorar: ¿no genera conflictos personales e internos el hacer algo que no se quiere? Por otro lado, ¿acaso en los sectores sociales bajos no puede existir altos grados de permisividad y falta de límites?  
Discurso 2: “En Argentina, el 15% de los jóvenes entre 15 y 24 años ni estudia ni trabaja. Este porcentaje alcanza hasta un 30% en jóvenes en los estratos más bajos de la sociedad, entre los que predominan las mujeres (…) Se trata de un grupo heterogéneo de distintos sectores sociales” (M.B.Z.; 2014). En este caso, se admite que el fenómeno Ni-Ni abarca distintos sectores sociales, pero no hay una mención directa a los sectores sociales altos como sí la hay de los sectores sociales bajos (¡hasta se incluyen porcentajes para eliminar dudas!). ¿Habrá cierta incomodidad en admitir explícitamente que también hay sujetos Ni-Ni en los sectores sociales altos? Por otro lado, visible y muy significativa es la diferencia de edades mencionadas con el primer texto citado. En este caso se alude a jóvenes entre 15 y 24 años, mientras que en el primer caso se menciona jóvenes de entre 25 y 35 años. Una novedad está marcada por el dato aportado sobre que son las mujeres quienes predominan en esta clasificación.
Discurso 3: no hay referencia en este artículo a clases sociales o edades. Se pone a los Ni-Ni en el lugar de “hijos”, ya que parece estar hablando directamente con los padres de esos “hijos” posibles futuros Ni-Ni. En este caso, los Ni-Ni, rescatados como sujetos, no son mencionados por su condición social sino por su condición de hijos.   
A partir de todo lo expuesto y conociendo el poder de los medios de comunicación, podemos decir que cada noticia transmite una serie de valores. Desde Vicente Manzano afirmamos que los valores son una “guía estándar y duradera para la conducta” (MANZANO; 2005: 28) Vemos cómo las noticias, a través de la censura de la generación Ni-Ni, privilegian ciertos valores sobre otros, pero con una lógica de oposición. Llegado a este punto del análisis, incorporaremos un fragmento de la cuarta noticia: “Generación Si-Si”, de Adrián Maslaton. Se expone en esta noticia lo siguiente: “Contracara de los Ni-Ni, son jóvenes de entre 14 y 29 años que estudian y trabajan al mismo tiempo. Representantes de la cultura del esfuerzo, se sacrifican al máximo para formarse y, paralelamente, empezar a pisar fuerte en el mundo laboral” (MASLATON; 2016) Así, es que se difunden como valores privilegiados el esfuerzo, el estudio, el trabajo, el sacrificio, de la mano de una nueva generación, la Si-Si (sí estudia y sí trabaja). Valores importantes, obviamente, pero que se presuponen ausentes en la generación Ni-Ni. Maslaton escribe: “[Los Si-Si] no aceptan quedar inscriptos en una categoría que los convierte en dependientes de otros o en personas con vidas a la deriva” (MASLATON; 2016) En esto podemos ver reflejada la idea de que los Ni-Ni no representan los valores de esfuerzo, sacrificio, estudio y que aceptan voluntariamente su situación.
Por lo tanto las noticias (en realidad, los medios en general), con la difusión de estereotipos, con esa construcción de un “nosotros” y un “ellos”, con la difusión de ciertos valores, están construyendo y distribuyendo una ideología que define una forma de vida ideal o, dicho más acertadamente, un modelo de joven ideal. Vicente Manzano sostiene que una ideología “establece las condiciones para aceptar miembros y las condiciones de exclusión. El nosotros y el ellos” (MANZANO; 2005: 7) En esta ideología, el joven que estudia y trabaja es el ideal, símbolo de esfuerzo, sacrificio y fuerza de voluntad, modelo a seguir e imitar. Todo lo que se desvíe de este modelo y ley, será excluido y pensado en términos de diferencia, de un “ellos” enfrentado a un “nosotros”. Y esos “ellos”, los Ni-Ni, son también el enemigo porque atentan contra el futuro. Leemos en el artículo “el problema de los Ni-Ni”:
El hecho de que 1 de cada 4 jóvenes no estudie ni trabaje (jóvenes ni-ni) tiene enormes consecuencias sociales y compromete el futuro del país. En primer lugar, es un elemento que alimenta el círculo vicioso de la pobreza (…) Los jóvenes ni-ni se sienten ajenos a la sociedad y al margen del sistema, impactando negativamente en la construcción de ciudadanía y en la consolidación del sistema democrático. (M.B.Z.; 2014)
Nos encontramos en este fragmento con un deíctico temporal: la palabra futuro. Calsamiglia y Tusón exponen que: “Con la deixis de tiempo ponemos las ‘fronteras’ temporales que marcan el ‘ahora’, respecto al ‘antes’ y al ‘después’” (CALSAMIGLIA; TUSÓN; 2001: 121) Se cree que el futuro está en los jóvenes (como si los adultos estarían ya listos y terminados, ya sin nada por hacer) y por esto es que hay una preocupación por la idea de que este futuro esté en manos de estos jóvenes de hoy que ni trabajan, ni estudian, ni se esfuerzan.  Así es como se culpabiliza a los Ni-Ni de cosas que ya están mal desde hace tiempo (no sólo el futuro es conflictivo, hay un presente de por sí preocupante que es consecuencia de un largo proceso socio-histórico, cultural y político que poco o nada tiene que ver con los Ni-Ni), pero que aún pueden cambiarse (aunque no sea responsabilidad exclusiva de los Ni-Ni o de los jóvenes en general, cambiarlas).
      Delineando ya una conclusión, interesante es analizar el siguiente fragmento de “el problema de los Ni-Ni” que expone:
Es necesario no limitarse considerar este fenómeno desde un punto de vista estático, es decir, con sólo dos alternativas posibles (dentro/afuera; incluido/excluido), sino más bien desde una visión más amplia y dinámica que se centre en la vulnerabilidad de la situación y permita reconocer ‘una zona gris de mucha mayor amplitud caracterizada por la debilidad de los lazos de integración social’. (M.B.Z.; 2014)
Pero ¿pensamos en una zona gris cuando hablamos de la Generación Ni-Ni? La primer noticia está marcada por la intolerancia a estos sujetos, expresando que este fenómeno “en todo caso, se trata de una posición frente a las dificultades de la vida”. Se presenta una visión estereotipada e irremovible. No hay grises. Si bien la segunda noticia presenta un panorama más amplio, en la que aparecen factores sociales, culturales, y económicos como influyentes, la generación Ni-Ni se sigue tomando como un estereotipo. Se exponen casi insensiblemente causas y efectos del fenómeno. No hay una preocupación significativa por el problema, lo que podría llevar a plantear, no soluciones (ya que esto sería imposible) pero al menos una instancia reflexiva más profunda centrada en los propios sujetos en cuestión. Se rescata que se los reconoce como vulnerables. La tercer noticia marca la diferencia exponiendo abiertamente las dos caras de la moneda: ¿vagos caprichosos o víctimas? Quizás en esta noticia sí se observe la presencia de cierta “zona gris” marcada por la incertidumbre así como también por las diferentes situaciones, las diferentes realidades. Este discurso expone:
Ahora bien, aparece la generación ni-ni y suelen generar dos reacciones:
Por un lado que los padres han hecho de los hijos unos vagos redomados que les mantienen los caprichos en pos de que se queden.
Y que el chico es un vago tremendo que necesita un par de sacudones para que se despierte al mundo. (MASLATON; 2016)
Entonces, esta frase y todo el análisis realizado confirman nuestra hipótesis inicial: los sujetos clasificados y estereotipados dentro de la categoría “generación Ni-Ni” son relacionados a los sectores sociales bajos, a la delincuencia, la marginalidad y las adicciones. Se los considera culpables de su propia situación (o en todo caso, se culpabiliza a los padres que no supieron educar a sus hijos e inculcarles valores positivos) y un atentado contra el futuro. 
Pero, “ya sea que la ‘generación nini’ sea percibida como un grupo en riesgo, o sea presentada como un riesgo para los demás, la noción remite siempre a un deber ser cuyo incumplimiento deriva en una categorización reduccionista, cuando no estigmatizante”. (COMARI; 2015: 19)  Sería entonces, más que positivo si nos detuviéramos a pensar sobre si es realmente significativo seguir intentando develar los supuestos patrones que delinearían un estereotipo como el de “generación Ni-Ni” o el seguir buscando porcentajes que revelen en qué clase social hay más de estos “personajes”. La disolución del propio concepto y la toma de conciencia de la existencia de múltiples contextos, de diferentes situaciones, de distintas elecciones detrás de cada joven y cada sujeto, sería dar un paso más en contra del reduccionismo y la estigmatización de la que habla Comari. No se pueden estereotipar tantas voces diferentes, a menos que no se las escuche.

Bibliografía:

No hay comentarios:

Publicar un comentario