Pedro Santander nos hace recordar: “sabemos que el
lenguaje no es transparente, los signos no son inocentes, que la connotación va
con la denotación, que el lenguaje muestra, pero también distorsiona y oculta,
que a veces lo expresado refleja directamente lo pensado y a veces sólo es un
indicio ligero, sutil, cínico” (Santander;2011:208) Esta opacidad del lenguaje
nos revela que las palabras significan mucho más de lo que dicen, por lo tanto
ningún discurso es neutro u objetivo. A partir del reconocimiento de este poder
del lenguaje, de las palabras, es que se hace necesario un análisis del
discurso cuidadoso, reflexivo, anclado en categorías pertinentes, que nos ayude
a ver esas representaciones, ideologías, prejuicios, insinuaciones que fundamentan,
sostienen y reproducen los discursos. Leer los discursos es una forma de leer
la realidad social en la que están inmersos, y es por esto que no podemos
permanecer indiferentes.
A partir de lo expuesto me
propongo comparar y analizar tres discursos, tres noticias, que abarcan de modo
diferente una misma cuestión: la generación Ni-Ni. Pero: ¿Qué es un Ni-Ni?, ¿De
dónde surge dicho concepto?, ¿Este término se ha convertido en un elemento más
que contribuye a la formación de una imagen negativa de jóvenes y adolescentes?
Contextualicemos la temática.
María del Carmen Feijoó (2015) expone que esta categoría
surgió en Inglaterra a mediados de los 90 bajo la denominación en inglés NEET (not
in education, employment or training), es decir: ni en la educación, ni en
el empleo, ni recibiendo formación. El término fue utilizado por primera vez en
1999 en un informe de la Unidad de Exclusión Social del Reino Unido que tenía
por objetivo exponer en detalle tanto la magnitud como la naturaleza del
problema que afectaba a jóvenes que no participaban en el sistema escolar ni en
el mercado de trabajo.
El término empezó a ser abordado desde distintas perspectivas
y cada autor (y cada persona en general) tiene actualmente diferentes formas de
enterderlo. Así, podemos citar:
“Riva
Palacio (17 de febrero de 2010) señala que el acrónimo nini fue acuñado por
sociólogos españoles y hace referencia a jóvenes de entre 18 y 34 años cuyo
rasgo distintivo es que ni tienen acceso a la educación ni al trabajo formal.
Bastidas Colinas (8 de diciembre de 2009) hace hincapié en la condición
marginalizada de dichos jóvenes cuando menciona
(…) que acuden a entrevistas, a exámenes, a oposiciones, a concursos,
pero que sólo reciben negativas. Sotelo (4 de abril de 2010), columnista del
diario El Paso, relata que el acrónimo nini se publicó por primera vez en el
diario español El País en una nota titulada: ‘Generación ni-ni; ni estudia ni
trabaja’” (COMARI;2016:24)
Pero a causa de estas múltiples miradas y por la imprecisión
misma del concepto, el término Generación Ni-Ni terminó asociándose, de manera
arbitraria y sin demasiadas evidencias, a dos implícitos peligrosos: “El
primero, que esa condición depende exclusivamente de la voluntad de los
jóvenes. El segundo, que los jóvenes que no trabajan ni estudian tienen una
mayor propensión a incurrir en conductas desviadas de los comportamientos que
se consideran ‘normales’ para ese grupo de edad.” (FEIJOÓ; 2015: 1) A partir de
esta idea, podemos decir además que los jóvenes clasificados dentro de la
categoría en cuestión son también vinculados a la delincuencia, la inseguridad
y ciertas adicciones, ya que éstas pueden ser las “desviaciones” más comunes de
lo que se considera una “conducta normal”. A su vez, y muy vinculado a esta
última afirmación, se suele identificar a los sujetos que pertenecerían dentro
de esta categoría como pertenecientes a los sectores sociales medios y bajos.
Podemos exponer entonces que en el imaginario social
los sujetos clasificados y estereotipados dentro de la categoría “generación
Ni-Ni” son, en su mayoría, pertenecientes a sectores sociales bajos, y esto los
convierte en una representación social que los hace culpables de su propia
situación y un atentado contra el futuro. Esta es la hipótesis que sostiene
este trabajo.
Es necesario además, tener en cuenta
que en nuestra sociedad actual los medios masivos de comunicación influyen en
la formación de una opinión pública prioritariamente negativa sobre la
adolescencia y la juventud porque los relacionan reiteradamente con fracaso
escolar, accidentes automovilísticos, delincuencia, droga, alcohol, sexo, sida,
prostitución, violencia, muerte. Los adolescentes son vistos como demonios en
situaciones problemáticas. Esta perspectiva demoniaca hace que la sociedad los
considere en última instancia, como una amenaza. Así es como los medios de
comunicación difunden y potencian términos como “generación Ni-Ni” con una
fuerte connotación negativa. Estas miradas omiten que: detrás de los jóvenes y
adolescentes está la responsabilidad adulta; que se expresan a través de los
medios que el conjunto social ofrece; que la sociedad proyecta sobre ellos sus
peores y mejores intenciones.
Podemos resumir entonces lo que se
dice de los Ni-Ni recurriendo a Claudio Comari exponiendo que: “Se dice
entonces de este grupo que: son un riesgo, están en riesgo, están en riesgo de
ser un riesgo, de estas maneras esos ‘otros’ llamados los nini son asociados y
convertidos en sinónimo -por cierto que sin mayores evidencias- de la
inseguridad y el delito” (COMARI;2016:18)
En este complejo contexto social,
cultural e histórico, es que se inscriben los discursos que se analizarán
comparativamente a continuación. Se trata de un contexto que no podemos obviar,
porque, como dicen Calsamiglia y Tusón: “está formado por todo el conocimiento
etnográfico necesario para interpretar los enunciados” (CALSAMIGLIA; TUSÓN; 2001:
109) Los discursos cobran sentido (o en todo caso, les damos uno) en relación al contexto que los produce y
rodea.
El primer artículo se llama
“Generación Ni-Ni” (noticia n 1 presente en el Anexo, pág. 1) y fue publicada
en noviembre del 2015 por Paola Belkys, Esteban C. y Raquel
Ferrari. Es fundamentalmente sobre este artículo, en que se funda y sostiene la
hipótesis de este trabajo (hipótesis explicitada en párrafos anteriores) por lo
que su análisis será el eje del trabajo. El segundo, publicado en abril del
2014, se titula “El problema de ‘los ni-ni’, jóvenes que ni estudian ni
trabajan, en Argentina” (noticia n 2 presente en el Anexo, pág. 4). El tercer
texto elegido se llama “La generación ni-ni; Ni estudian ni trabajan: ¿Vagos
caprichosos o víctimas?” (noticia n 3 presente en el Anexo, pág. 8), escrito
por Sergio Alonso Ramírez y publicado en junio del presente año. Este último
texto presenta una perspectiva distinta y se incorporó su análisis para marcar
las diferentes concepciones. Se ha incorporado también, en última instancia, el
análisis del artículo “Generación Sí-Sí” (noticia n 4 presente en el Anexo,
pág. 12), de Carlos Adrián Maslaton, publicada en junio del presente año, por
presentar aspectos relevantes a la hipótesis sostenida.
El análisis se llevará a cabo a partir de
categorías propias del análisis del discurso, aportadas por autores como
Vicente Manzano, Helena Calsamiglia Blancafort y Amparo tusón valls.
La construcción del fenómeno Ni-Ni.
Interesante es partir analizando qué
entiende cada discurso por el término “Generación Ni-Ni”. La definición que
presenta cada una de las noticias da a conocer una postura y un posicionamiento
diferente frente a la misma situación.
“Generación Ni-Ni” expresa lo
siguiente: “No estudian, no trabajan… ¡ni buscan! La
generación Ni-Ni es aquella que abarca a los jóvenes adultos que no tienen la
más mínima intención de estudiar –para especializarse- ni de buscar trabajo –si
acaban de graduarse o si lo han perdido- ni de hacer nada para cambiar su
situación.” (BELKYS; C.; FERRARI; 2015) Esta definición está fuertemente
basada en un estereotipo. Vicente Manzano (2005) expone los estereotipos como
recursos argumentativos a los que los discursos recurren para fundamentar una
idea (como recurso argumentativo que ayuda a “convencer” a las personas y
conseguir “adeptos”) y expresa que, tanto los prejuicios como los estereotipos
son “imágenes compartidas sobre determinados colectivos que obedecen a la
necesidad de simplificar el mundo para tener la sensación de que se comprende y
para actuar en consonancia” (Manzano; 2005: 24) De esta manera, el primer
discurso construye la categoría “generación Ni-Ni” para incluir en ella a los
jóvenes y adultos que no estudian, no trabajan y que no tienen la más mínima
intención de revertir su situación. Se crea un estereotipo que incluye una
serie de características negativas que se dan por cierto.
La noticia crea el estereotipo
presentando una visión determinista mediante el uso reiterado de una modalidad
de la frase asertiva: “después de graduarse o haber perdido su empleo, se
instalan de nuevo en la casa familiar y de allí nadie los mueve. No buscan un
nuevo trabajo o su primer empleo, ni tampoco se especializan. No tienen
perspectivas ni planes a futuro y como dicen nuestros padres: viven del clima.”
(BELKYS; C.; FERRARI; 2015) Desde Calsamiglia y Tusón (2001) la modalidad se
refiere a cómo se dicen las cosas, a la visión del locutor respecto al
contenido del enunciado. La modalidad asertiva no deja lugar a dudas y puede
ser un recurso de manipulación para el lector, quién puede asumir lo que lee
sin pensar demasiado. Entonces, quienes se dejen influenciar por este discurso
encontrarán en un sujeto Ni-Ni a un vago, a un “cómodo”, a una persona que está
como está porque quiere y la pasa bien así. La noticia presenta cinco
indicadores que servirían para “identificar” a cualquier ni-ni y, fatalmente,
se expone que: “Es muy fácil reconocer a un miembro de la generación Ni-Ni”
(BELKYS; C.; FERRARI; 2015). Pero, el problema de los estereotipos no es que
sean falsos, sino que son incompletos. No todos los sujetos que se incluyen en
la categoría Ni-Ni están dentro por no querer remediar su situación.
Por otro lado, “el problema de los
Ni-Ni” plantea: “Este enfoque que es conocido como los ni-ni, centra el
análisis tanto en los jóvenes que abandonaron el sistema educativo como los que
permanecen sin empleo, colocando en la misma categoría tanto a los inactivos
que no estudian como a los que no trabajan ni buscan trabajo” (M.B.Z.; 2014).
Nos encontramos con una perspectiva más amplia. En este caso, la categoría
Ni-Ni incluiría tanto a los desempleados que buscan trabajo pero no consiguen,
como a los que directamente no lo buscan, así como también a aquellos que no
estudian por diferentes motivos. Pero la categoría sigue tratándose como un
estereotipo que responde a ciertas condiciones o parámetros.
En esta noticia se evidencia el
reconocimiento de que estos sujetos se encuentran en un problema social que tendría
que ver con su cuadro de exclusión educativa y laboral. Aparece entonces la
dimensión social de esta temática, casi ausente en el primer artículo que
expresamente culpa al propio sujeto de su condición, atacando también ciertas
deficiencias familiares. Se expresa en este segundo artículo que “diversos
factores políticos, económicos, sociales y culturales confluyen para explicar
este fenómeno” (M.B.Z.; 2014).
“El problema de los Ni-Ni” expone
entonces una serie de causas por las que puede darse esta situación y entre
ellas aparecen algunas referidas al propio sistema educativo: se dice que la
educación dejó de ser una aspiración y un nivelador social, que ya no aporta
sistemas o ideas para lograr una inclusión real, que prioriza la cantidad por
encima de la calidad, que el docente no cuenta con las herramientas necesarias
para hacer su trabajo y abordar la problemática. Otras causas se relacionan específicamente
con una dimensión económica y laboral: se expresa que hay un incremento de la
demanda de experiencia y capacitación para ingresar al mercado de trabajo y, como
muchos jóvenes no finalizan sus estudios secundarios quedan entonces sin
oportunidad para trabajar; que problemas e incertidumbres en la economía no
permiten la creación de más puestos de trabajo; que la gran mayoría de los
jóvenes que encuentran empleo sólo tienen trabajos ocasionales y no registrados
(trabajo en negro), con salarios bajos y pocas posibilidades de progreso y
capacitación. Por último hay causas que se inscriben en el sistema social y
cultural: cambios en el rol de los miembro del grupo familiar, factores
culturales condicionantes que se vinculan a la vida fácil y sin problemas, la
falta de una imagen social y cultural para imitar dentro de una cultura del trabajo.
Entonces, termina resultando que “el problema de los Ni-Ni” no es sólo de los
Ni-Ni. Calsamiglia y Tusón nos advierten de la importancia de los títulos
exponiendo que son “enunciados síntesis y enunciados con fuerza retórica”
(CALSAMIGLIA; TUSÓN; 2001: 97) Así, este título distorsiona la situación dando
a entender que el problema de los Ni-Ni sólo involucra a los Ni-Ni, pero al
mismo tiempo, encierra una contradicción, puesto que con la enumeración de las
causas que hace queda claro que estos sujetos no son los únicos actores involucrados.
El tercer artículo también incorpora
la dimensión social (y tal vez política) de la situación exponiendo: “Es verdad
que para que un sujeto tenga cierta actitud tiene que haber un sistema que la mantenga.”
(ALONSO RAMÍREZ; 2016) Retomando la cuestión de la modalidad, no encontramos
aquí con aquella que expresa la certeza del dictum, modalidad que es reiterada
en otras varias ocasiones (por ejemplo, cuando se lee en este mismo artículo “Lo
cierto es que la separación con un ser querido nunca es fácil”, “Es cierto que
en muchos casos…”)
Volviendo a lo que cada discurso
entiende por generación Ni-Ni, en este tercer discurso leemos: “no son vagos,
aunque se encierran años en un cuarto y no salen, sino que están profundamente
deprimidos por una sociedad que no presenta salidas según lo que ellos sienten”
(ALONSO RAMÍREZ; 2016) Pasamos entonces de una visión de los Ni-Ni como culpables
de su propia situación (noticia 1), a una concepción que los encuentra víctimas
de una sociedad que no les brinda lo que ellos necesitan. Rescatamos que cuando
se refiere a estas personas, este tercer texto lo hace mediante la palabra
“sujeto” (también dice “jóvenes” o “hijos” cuando lo hace en función de la
familia). Esto nos lleva a pensar los términos y expresiones que se usan en
cada discurso para referirse a las personas categorizadas dentro del concepto
“generación Ni-Ni”. Como dice Manzano, los discursos, sabedores del poder de
las palabras, cuidan su utilización y las explotan en función de las ideas que
quieren transmitir. Así, en esta última noticia, el término privilegiado para
nombrar a la generación Ni-Ni es el de “sujeto”. También se puede relacionar
esto con lo que Manzano llama “sujeto difuso”: cualquiera podemos ser un Ni-Ni
si se los identifica simplemente como sujetos. Se establece un plano de
igualdad, si se quiere, mediante este término.
En esta línea, analicemos una frase
tomada de la primer noticia, “Generación Ni-Ni” que expone: “es el tío
emprendedor, la tía trabajadora, los papás y su pensión los que terminan
manteniendo estos personajes” (BELKYS; C.; FERRARI; 2015). Detengámonos en la
palabra “personajes”. Es obvio que esta palabra encierra una connotación sarcástica
y negativa. Podemos ver en este fragmento lo que Calsamiglia y Tusón definen
como “cortesía negativa”. La cortesía lingüística es concebida por estas
autoras como “un conjunto de estrategias que determinan la elección de unas
determinadas formas lingüísticas para elaborar los enunciados de los que
protagonizan una interacción” (CALSAMIGLIA; TUSÓN; 2001: 162) La cortesía
negativa es aquella que está dirigida a reforzar la imagen negativa de quien se
habla (o en su defecto, a atacar y debilitar su imagen positiva) y aquí vemos
cómo se usa la palabra “personajes” por cortesía (podría haber dicho otras
palabras negativas más directas, como “vagos” por ejemplo) pero con un sarcasmo
causado por la visión negativa de a quién va dirigida la expresión.
Un punto interesante es, a partir de todo
lo dicho, el cómo las dos primeras noticias conforman un “nosotros” y un “ellos”
enfrentados. La tercer noticia crea otras posiciones. Este análisis se hace
posible mediante la categoría de deixis personal, que “señala a las personas
del discurso, las presentes en el momento de la enunciación y las ausentes en
relación a aquellas” (CALSAMIGLIA; TUSÓN; 2001: 117)
En las dos primeras noticias vemos un
“nosotros” hablando de un “ellos” que está alejado.
En “Generación Ni-Ni” observamos una
polifonía de voces. La polifonía brinda
la posibilidad de un “desdoblamiento del sujeto, por un lado, y la evocación
del discurso ajeno, por el otro” (CALSAMIGLIA; TUSÓN; 2001: 136) Entonces tenemos
por un lado la voz del enunciador que comienza el artículo sin dejar marcas que
permitan identificarlo como un “yo” presente. (En un solo lugar expresa: “como
dicen nuestros padres”. Ese “nuestros” nos da una idea de que el enunciador
está presente, pero no es un deíctico personal propio de él. Ese “nuestros”
está en relación al “yo” que enuncia, sin llegar a conformar un “nosotros”) Podríamos
referirnos al él como “la persona ausente”, término usado por Calsamiglia y
Tusón (2001) para referirse a ese enunciador que se esfuerza por borrar toda
marca de su presencia, utilizando un lugar de referencia externa, para dar un
efecto de objetividad a su discurso. En el artículo, este enunciador cede su
lugar a una segunda voz, la de la coach internacional Raquel Ferrari,
entrevistada en la noticia. Por último, tenemos la cita del psicólogo Alejandro
Schujman, quien también constituiría una voz dentro del discurso. Recurriendo
nuevamente a Calsamiglia y Tusón, las citas señalan la presencia de voces
ajenas en el propio discurso. En este caso, se trata de una cita indirecta “El
psicólogo Alejandro Schujman autor de ‘Generación ni-ni’, comenta en su libro
que hay tres indicadores que marcan el pasaje a la adultez” (BELKYS; C.;
FERRARI; 2015)
Al encasillar en un estereotipo tan rígido
a los sujetos Ni-Ni, este artículo los está ubicando en el polo opuesto al que
se sitúan las voces que lo componen. Por lo tanto, tenemos un nosotros (las
voces del artículo) y un ellos (los sujetos Ni-Ni) alejados, un nosotros que
habla de un ellos ajeno, diferente, distante.
En “el problema de los Ni-Ni” hay un
solo deíctico personal que marca la presencia del enunciador. Lo encontramos en
la siguiente frase: “Constituyéndose en un problema social, especialmente si
consideramos que esta exclusión proviene de aquellas instituciones de las que
la sociedad espera que los individuos participen activamente” (M.B.Z.; 2014).
Nuevamente nos encontramos entonces con un “nosotros” que habla de un “ellos”. Pero
esta vez, el “ellos” parecería que no se refiere a la generación Ni-Ni, sino a
los jóvenes en general. Leemos en el artículo:
En los jóvenes persiste una
creencia de que la educación no reporta ventajas claras y visibles que generen
expectativas (…) Los jóvenes no encuentran en el ámbito laboral o escolar algo
que les gusta hacer (…) Muchos jóvenes no cuentan con un adulto motivador y
contenedor en el estudio (…) La gran mayoría de jóvenes (…) Los jóvenes Ni-Ni
(…) (M.B.Z.; 2014)
Por último, en el texto de Sergio
Alonso Ramírez hay un “nosotros” fuertemente marcado a lo largo de todo el
texto. Unas pocas veces aparecen deícticos en primer persona en singular (en
sólo dos oportunidades) En este caso, parece que se trata de un “nosotros”
hablando para otro “nosotros”. El artículo no se centra específicamente en una
descripción de la generación Ni-Ni sino en ciertas actitudes dentro del seno familiar
que coaccionan la libertad de un sujeto pequeño que puede llegar a ser un futuro
joven Ni-Ni (aunque también hable de depresión, suicidios, un mal sistema de
contención social se le da mayor importancia al rol de la familia) Las voces
del artículo (el primer “nosotros”) pareciera estar hablando a otro “nosotros”
(que serían los destinatarios del texto, o, en palabras de Manzano, los
“pacientes directos”, las personas concretas a las que va orientado el discurso),
que tranquilamente puede estar conformado por la familia, un padre, una madre,
intentando llamar su atención. Estos nosotros se ubican en un mismo polo (pero
se diferencian), dejando en la esquina opuesta a los sujetos de los que se
habla. Por otro lado, no olvidemos la idea de que hay un plano de igualdad
entre ese “nosotros” y los sujetos Ni-Ni por el sólo hecho de recuperarlos como
sujetos (condición que igualaría o, al menos acercaría, de algún modo al
enunciador y a los Ni-Ni)
El sujeto ausente y el “nosotros” dan
sensación de seguridad con respecto al enunciado. El sujeto ausente desaparece,
justamente, para dar objetividad a sus enunciados y el “nosotros” da autoridad
y credibilidad al discurso porque pareciera que muchos respaldan lo que se
dice. Entonces, estos discursos rápidamente pueden asumirse como únicas
verdades. Interesante es ahora pensar por quiénes está formado ese “ellos”
marcado en los textos, a qué sector social pertenecen estos sujetos, que edades
tienen, según cada artículo. Veamos:
Discurso 1:
“jóvenes entre los 25 y los 35 años (…) Es un
fenómeno que existe en todos los sectores sociales, pero predomina más en los
niveles medios-bajos y bajos. Suele estar asociado a ruptura de las redes
familiares y sociales, dificultades en establecer un proyecto de vida,
embarazos precoces, marginalidad y delincuencia y exclusión por razones
raciales o sociales. En niveles sociales más altos este fenómeno suele darse en
el contexto de una historia de falta de límites y permisividad”. (BELKYS; C.;
FERRARI; 2015)
Los Ni-Ni aparecen como jóvenes de
entre 25 y 35 años, que pueden pertenecer a cualquier sector social, pero que
predominan en los niveles medios-bajos y bajos. Parece que las causas que hacen
que un sujeto sea clasificado como un Ni-Ni en los sectores sociales bajos, no
son las mismas que en los sectores sociales altos. ¿Acaso en los sectores sociales
altos no hay conflictos familiares?, ¿no hay embarazos precoces?, ¿no hay
delincuencia?, ¿no hay dudas sobre qué carrera seguir?, o en caso de que el
estudio a seguir sea impuesto por un legado familiar que difícilmente se pueda
negar o ignorar: ¿no genera conflictos personales e internos el hacer algo que
no se quiere? Por otro lado, ¿acaso en los sectores sociales bajos no puede
existir altos grados de permisividad y falta de límites?
Discurso 2: “En Argentina, el 15% de
los jóvenes entre 15 y 24 años ni estudia ni trabaja. Este porcentaje alcanza hasta
un 30% en jóvenes en los estratos más bajos de la sociedad, entre los que
predominan las mujeres (…) Se trata de un grupo heterogéneo de distintos
sectores sociales” (M.B.Z.; 2014). En este caso, se admite que el fenómeno
Ni-Ni abarca distintos sectores sociales, pero no hay una mención directa a los
sectores sociales altos como sí la hay de los sectores sociales bajos (¡hasta
se incluyen porcentajes para eliminar dudas!). ¿Habrá cierta incomodidad en
admitir explícitamente que también hay sujetos Ni-Ni en los sectores sociales altos?
Por otro lado, visible y muy significativa es la diferencia de edades
mencionadas con el primer texto citado. En este caso se alude a jóvenes entre
15 y 24 años, mientras que en el primer caso se menciona jóvenes de entre 25 y
35 años. Una novedad está marcada por el dato aportado sobre que son las
mujeres quienes predominan en esta clasificación.
Discurso 3: no hay referencia en este
artículo a clases sociales o edades. Se pone a los Ni-Ni en el lugar de
“hijos”, ya que parece estar hablando directamente con los padres de esos
“hijos” posibles futuros Ni-Ni. En este caso, los Ni-Ni, rescatados como
sujetos, no son mencionados por su condición social sino por su condición de
hijos.
A partir de todo lo expuesto y
conociendo el poder de los medios de comunicación, podemos decir que cada
noticia transmite una serie de valores. Desde Vicente Manzano afirmamos que los
valores son una “guía estándar y duradera para la conducta” (MANZANO; 2005: 28)
Vemos cómo las noticias, a través de la censura de la generación Ni-Ni, privilegian
ciertos valores sobre otros, pero con una lógica de oposición. Llegado a este
punto del análisis, incorporaremos un fragmento de la cuarta noticia: “Generación
Si-Si”, de Adrián Maslaton. Se expone en esta noticia lo siguiente: “Contracara
de los Ni-Ni, son jóvenes de entre 14 y 29 años que estudian y trabajan al
mismo tiempo. Representantes de la cultura del esfuerzo, se sacrifican al
máximo para formarse y, paralelamente, empezar a pisar fuerte en el mundo
laboral” (MASLATON; 2016) Así, es que se difunden como valores privilegiados el
esfuerzo, el estudio, el trabajo, el sacrificio, de la mano de una nueva
generación, la Si-Si (sí estudia y sí trabaja). Valores importantes,
obviamente, pero que se presuponen ausentes en la generación Ni-Ni. Maslaton
escribe: “[Los Si-Si] no aceptan quedar inscriptos en una categoría que los
convierte en dependientes de otros o en personas con vidas a la deriva” (MASLATON;
2016) En esto podemos ver reflejada la idea de que los Ni-Ni no representan los
valores de esfuerzo, sacrificio, estudio y que aceptan voluntariamente su
situación.
Por lo tanto las noticias (en
realidad, los medios en general), con la difusión de estereotipos, con esa
construcción de un “nosotros” y un “ellos”, con la difusión de ciertos valores,
están construyendo y distribuyendo una ideología que define una forma de vida
ideal o, dicho más acertadamente, un modelo de joven ideal. Vicente Manzano sostiene
que una ideología “establece las condiciones para aceptar miembros y las
condiciones de exclusión. El nosotros y el ellos” (MANZANO; 2005: 7) En esta
ideología, el joven que estudia y trabaja es el ideal, símbolo de esfuerzo,
sacrificio y fuerza de voluntad, modelo a seguir e imitar. Todo lo que se
desvíe de este modelo y ley, será excluido y pensado en términos de diferencia,
de un “ellos” enfrentado a un “nosotros”. Y esos “ellos”, los Ni-Ni, son también
el enemigo porque atentan contra el futuro. Leemos en el artículo “el problema
de los Ni-Ni”:
El hecho de
que 1 de cada 4 jóvenes no estudie ni trabaje (jóvenes ni-ni) tiene enormes
consecuencias sociales y compromete el futuro del país. En primer lugar, es un
elemento que alimenta el círculo vicioso de la pobreza (…) Los jóvenes ni-ni se sienten ajenos a la sociedad y al margen del sistema,
impactando negativamente en la construcción de ciudadanía y en la consolidación
del sistema democrático.
(M.B.Z.; 2014)
Nos
encontramos en este fragmento con un deíctico temporal: la palabra futuro.
Calsamiglia y Tusón exponen que: “Con la deixis de tiempo ponemos las
‘fronteras’ temporales que marcan el ‘ahora’, respecto al ‘antes’ y al
‘después’” (CALSAMIGLIA; TUSÓN; 2001: 121) Se cree que el futuro está en los
jóvenes (como si los adultos estarían ya listos y terminados, ya sin nada por
hacer) y por esto es que hay una preocupación por la idea de que este futuro
esté en manos de estos jóvenes de hoy que ni trabajan, ni estudian, ni se
esfuerzan. Así es como se
culpabiliza a los Ni-Ni de cosas que ya están mal desde hace tiempo (no sólo el
futuro es conflictivo, hay un presente de por sí preocupante que es
consecuencia de un largo proceso socio-histórico, cultural y político que poco
o nada tiene que ver con los Ni-Ni), pero que aún pueden cambiarse (aunque no
sea responsabilidad exclusiva de los Ni-Ni o de los jóvenes en general,
cambiarlas).
Delineando ya una conclusión, interesante es analizar
el siguiente fragmento de “el problema de los Ni-Ni” que expone:
Es
necesario no limitarse considerar este fenómeno desde un punto de vista
estático, es decir, con sólo dos alternativas posibles (dentro/afuera;
incluido/excluido), sino más bien desde una visión más amplia y dinámica que se
centre en la vulnerabilidad de la situación y permita reconocer ‘una zona gris
de mucha mayor amplitud caracterizada por la debilidad de los lazos de
integración social’. (M.B.Z.;
2014)
Pero ¿pensamos en una zona gris cuando
hablamos de la Generación Ni-Ni? La primer noticia está marcada por la
intolerancia a estos sujetos, expresando que este fenómeno “en todo caso, se
trata de una posición frente a las dificultades de la vida”. Se presenta una visión
estereotipada e irremovible. No hay grises. Si bien la segunda noticia presenta
un panorama más amplio, en la que aparecen factores sociales, culturales, y
económicos como influyentes, la generación Ni-Ni se sigue tomando como un
estereotipo. Se exponen casi insensiblemente causas y efectos del fenómeno. No
hay una preocupación significativa por el problema, lo que podría llevar a
plantear, no soluciones (ya que esto sería imposible) pero al menos una
instancia reflexiva más profunda centrada en los propios sujetos en cuestión.
Se rescata que se los reconoce como vulnerables. La tercer noticia marca la
diferencia exponiendo abiertamente las dos caras de la moneda: ¿vagos
caprichosos o víctimas? Quizás en esta noticia sí se observe la presencia de
cierta “zona gris” marcada por la incertidumbre así como también por las
diferentes situaciones, las diferentes realidades. Este discurso expone:
Ahora bien,
aparece la generación ni-ni y suelen generar dos reacciones:
Por un lado
que los padres han hecho de los hijos unos vagos redomados que les mantienen
los caprichos en pos de que se queden.
Y que el
chico es un vago tremendo que necesita un par de sacudones para que se
despierte al mundo. (MASLATON; 2016)
Entonces, esta frase y todo el análisis realizado confirman
nuestra hipótesis inicial: los sujetos clasificados y estereotipados dentro de
la categoría “generación Ni-Ni” son relacionados a los sectores sociales bajos,
a la delincuencia, la marginalidad y las adicciones. Se los considera culpables
de su propia situación (o en todo caso, se culpabiliza a los padres que no
supieron educar a sus hijos e inculcarles valores positivos) y un atentado
contra el futuro.
Pero, “ya sea que la ‘generación nini’
sea percibida como un grupo en riesgo, o sea presentada como un riesgo para los
demás, la noción remite siempre a un deber ser cuyo incumplimiento deriva en
una categorización reduccionista, cuando no estigmatizante”. (COMARI; 2015: 19)
Sería entonces, más que positivo si nos
detuviéramos a pensar sobre si es realmente significativo seguir intentando
develar los supuestos patrones que delinearían un estereotipo como el de “generación
Ni-Ni” o el seguir buscando porcentajes que revelen en qué clase social hay más
de estos “personajes”. La disolución del propio concepto y la toma de
conciencia de la existencia de múltiples contextos, de diferentes situaciones,
de distintas elecciones detrás de cada joven y cada sujeto, sería dar un paso
más en contra del reduccionismo y la estigmatización de la que habla Comari. No
se pueden estereotipar tantas voces diferentes, a menos que no se las escuche.
Bibliografía:
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